Quesa: Agua y pinturas rupestres en el interior de Valencia

En el cañón del río Grande encontramos un conjunto de refrescantes pozas, además de unas magníficas pinturas rupestres.

A muy poca distancia del pequeño núcleo urbano de Quesa, en el curso del río Grande y protegidas por el interesante cañón, existe un conjunto de pozas conocidas como los Charcos de Quesa. El baño está permitido, aunque en verano se puede aplicar una pequeña tarifa por acceder al lugar, ya que concentra una alta afluencia durante los meses más calurosos. El paraje se encuentra en la amplia zona montañosa conocida como Muela de Cortes y Macizo del Caroig, en la comarca de La Canal de Navarrés. Asimismo, la Muela de Cortes fue un importante reducto de resistencia morisca tras el decreto de expulsión en el año 1609.

Charcos de Quesa.

Desde la última poza, que es el llamado Charco del Chorro, podemos ascender por una senda situada a la derecha de este y continuar caminando por el interior del cañón, hasta llegar a las asombrosas pinturas rupestres del abrigo de Voro. Para tal fin, debemos seguir las indicaciones del sendero de pequeño recorrido señalizado como PR-CV 203, que en menos de dos horas nos conducirá al citado abrigo por el interior del cañón, observando en todo momento las majestuosas paredes rocosas de este. En función de las lluvias caídas durante las semanas o meses pasados, el río Grande aflora en determinados lugares del cañón, formando charcos o pequeños meandros, aunque en su mayor parte discurre bajo la gruesa capa de cantos rodados. La ruta completa (ida y vuelta), si se realiza el regreso por el mismo camino desde las pinturas rupestres, no supera los 14 kilómetros (unas 4 horas). En el abrigo de Voro se conservan en torno a medio centenar de pinturas levantinas, las cuales representan mujeres, arqueros y animales. Las pinturas más representativas y destacables corresponden a un conjunto de cuatro detallados arqueros que, según los expertos, escenificaría una danza ritual.

Pinturas rupestres del abrigo de Voro.

Como dato curioso e histórico, la población de Quesa sufrió una epidemia de peste bubónica a finales del siglo XVII, que acabó con casi todos los vecinos. Tan solo algunos miembros de la familia de los García sobrevivieron, quienes hicieron un llamamiento para que otras familias de pueblos vecinos se trasladasen a Quesa para lograr su repoblación.

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