Lo que las dunas de Guardamar esconden

Si las arenas de la ciudad costera hablasen, no solo contarían cientos —tal vez, miles— de anécdotas alusivas a terremotos, contarían también cómo vivieron por estas tierras las diferentes culturas que por el lugar han pasado, a lo largo de la Historia.

Las dunas de Guardamar del Segura (Alicante) jugaron un papel muy importante en la conservación e investigación de nuestro pasado, ya que, si estas no hubieran sepultado —por acción de la naturaleza— los diferentes asentamientos humanos que en el lugar se establecieron en el pasado, no habrían llegado hasta nuestros días en tan buen estado. De hecho, los dos asentamientos descubiertos hasta el momento —uno islámico y otro fenicio— en el parque Alfonso XIII, constituyen dos de las mejores muestras conservadas, en la actualidad, de sus respectivas épocas. Además, en las dunas situadas al sur del municipio se encuentran los yacimientos del Moncayo y de la Torre del Decargador y, según parece, bajo estas podría haber más vestigios de la antigüedad, aún por descubrir.

Los trabajos previos a la reforestación de las dunas, llevada a cabo durante las primeras décadas del siglo XX para evitar que la urbe de Guardamar quedase sepultada bajo las arenas, sacaron a la luz, en 1897, una lápida islámica en la que se indicaba la fundación de una mezquita en el año 944. Casi un siglo después, en el año 1984, comenzaron por fin las excavaciones arqueológicas y, poco a poco, fueron apareciendo una serie de edificaciones, divididas en tres bloques y separadas por dos calles. Se trataba de la actualmente conocida como Rábita Califal —tal vez llamada en su época, según Mikel de Epalza, Al-Munastir—, datada entre los siglos X y XI, lugar de culto, retiro y peregrinación en el que se estudiaban las doctrinas de El Corán. El yacimiento cuenta con algo más de una veintena de habitáculos dedicados, cada uno e individualmente, a la oración —cada uno constituiría una rábita— y, según parece, fueron erigidos paulatinamente en torno a una mezquita primigenia.

Las excavaciones de la rábita sacaron a la luz diferentes restos de origen fenicio y, como se pudo comprobar, subyacente a esta existen vestigios de la citada época. Pero no solo bajo el yacimiento islámico, ya que la urbe amurallada fenicia contaba con una extensión significativamente mayor. Esta, datada entre los siglos VIII y VI a.C., se encuentra excavada parcialmente y se desconoce, a ciencia cierta, las dimensiones que pudo alcanzar. Contaba con grupos de casas incluso a extramuros, era un importante puerto comercial del Mediterráneo y, entre los restos hallados, destacan los fragmentos de cerámica y de la intensa actividad metalúrgica que en el lugar se desarrollaba. Algunas de las piedras con las que fue construida la robusta muralla, evidencian su anterior pertenencia a un templo religioso, el cual se debía erigir en el entorno.

Las dunas protegieron ambos asentamientos, de las inclemencias del tiempo, durante cientos de años. En la actualidad estos se encuentran parcialmente a la intemperie, aunque se realizan tareas de restauración periódicas para consolidar las estructuras, lo cual permite seguir investigando y estudiando estos importantes yacimientos, únicos en muchos aspectos.


Estos y otros datos interesantes se recogen en el libro Paseos con historia por la costa de Alicante, ya disponible en librerías.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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