Las Cinco Campanadas de Villena

El Castillo de la Atalaya y la Iglesia de Santa María constituyen el escenario de esta popular leyenda villenense, cuyos hechos se remontan a la Guerra de Sucesión Castellana.

Fue, durante la Guerra de Sucesión (1475 – 1479), cuando el Marqués de Villena, Diego López Pacheco y Portocarrero, se posicionó a favor de Juana (la Beltraneja) como reina de Castilla. Esta era la supuesta hija del monarca recientemente fallecido, Enrique IV de Castilla, y se disputaba el trono con la que sería su tía Isabel, es decir, la hermana del rey difunto.

Gaspar Archent Avellán (Villena, 1877 — Valencia, 1950) plasmó la leyenda de «Las Cinco Campanadas» sobre papel en el año 1927 y la incluyó en su obra titulada Romancero Villenense. Se expone, a continuación, una versión de esta.

La leyenda cuenta que…

Cuentan en Villena que, allá hacia el siglo XV, tras fallecer el rey Enrique IV de Castilla, el Marqués de Villena fue declarado rebelde por Isabel y Fernando, pues el primero apoyaba el reinado de Juana. Alertado por la orden de levantarse en armas contra él, expuso al alcaide del castillo (Pedro Pacheco) la urgente necesidad de reunir a todos quienes deseasen combatir a Isabel y sus partidarios, para así anticiparse y atacar por sorpresa. Judíos, mudéjares y castellanos, seguidores de Juana, formaban aquella milicia capitaneada por el marqués: Diego López Pacheco y Portocarrero.

Recluidos en el castillo, comenzaron a preparar su estratagema cuyo fin era masacrar a sus rivales, los isabelistas. Esperarían en la fortaleza hasta escuchar las tres campanadas que se tocan al alzar a Dios durante la misa, en la iglesia de Santa María, donde se encontrarían numerosos componentes del bando enemigo, reunidos. Esa iba a ser la señal para atacar a sus indefensos vecinos, a traición. La estrategia estaba preparada y clara: los juanistas vencerían y tomarían Villena en nombre de Juana de Castilla.

Pero la suerte quiso que tal plan llegase hasta los oídos de una anciana quien, temerosa del destino de sus vecinos, alertó a los suyos de aquello que se urdía en lo alto de la Atalaya. Estos, liderados por Cristóbal de Mellinas y, ocultando que habían averiguado el plan de los juanistas, avisaron a los pueblos vecinos y se prepararon para repeler al Marqués de Villena y a los suyos. Determinó Mellinas que, en lugar de tres campanadas se darían cinco y esperarían a que los rebeldes bajasen del castillo, hacia el templo cristiano, creyendo que atacarían por sorpresa cuando, en realidad, serían los sorprendidos.

Y tal como Mellinas planeó, ocurrió. Sonaron las cinco campanadas y los juanistas descendieron, en gran alboroto, esperando sorprender a los isabelistas, a quienes esperaban encontrar reunidos en la iglesia de Santa María. Pero no fue así, pues estos se habían escondido por los recovecos de las callejuelas y, cuando llegó el momento, se plantaron frente al enemigo combatiéndolo con dureza. Los de Mellinas salieron, finalmente, victoriosos. Isabel y Fernando prohibieron que cualquier Pacheco pisase de nuevo la ajusticiada Villena.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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