Mi breve, pero grata, experiencia como woofer

Ser woofer, o voluntario, no solo consiste en viajar gratis, sino en conocer otras culturas y en abrir la mente.

Han pasado ya algunos años —fue en 2013—, pero casualmente el otro día me topé con un artículo, que compartió Gluubo en su página de Facebook, el cual trataba sobre el woofing —es decir, sobre cómo viajar gratis a cambio de echar un cable—, y me he animado a contar mi experiencia que, en realidad, realicé a través de HelpX.

En mi caso, todo comenzó tras un proyecto frustrado. No quería ni podía quedarme de brazos cruzados, sin hacer nada. Decidí buscar formas de viajar, o de visitar lugares, de la forma más económica posible. En poco tiempo ya estaba preparando mi viaje de tres semanas a Beniarbeig (al noreste de Alicante). No, no me fui muy lejos. Allí me esperaban una pareja de alemanes, de unos cincuenta años de edad, en una bucólica finca junto al río Girona. Cuando digo junto al río, quiero decir que realmente estaba junto al río: la casa de invitados —una muy bien equipada mobile-home, de tres módulos— estaba a unos quince metros del agua, con sus mosquitos y demás; pero junto al río. Sí, llevaba repelente de insectos y me rociaba todos los días; y, aun así, estos hacían de las suyas. Pero valió la pena.

Río Girona, a pocos metros de la finca.

A los pocos días de mi llegada —la última semana de mayo de 2013— se unieron una pareja de argentinos —Ingrid y Camilo—, quienes ya habían pasado algún tiempo en el Pirineo catalán, en un lugar perdido en el que se practicaba la permacultura. En Beniarbeig les esperaba algo más moderno, con agua corriente, cisternas y aire acondicionado. Camilo pertenece a una numerosa familia de músicos argentinos, de Santiago del Estero: los Carabajal, quienes en su origen se popularizaron con la música folklórica. Con su grupo, llamado TREMOR, Camilo hace espectaculares fusiones entre el folklore, la electrónica y otros estilos musicales.

Ingrid, Camilo y yo.

La casa de invitados —donde nos hospedábamos Ingrid, Camilo y yo— tenía su propia cocina, un pequeño salón y dos habitaciones con sus correspondientes baños. Todo un lujo. Nosotros solo teníamos que ayudar con algunas tareas de la finca y, cuando abríamos el armario, la nevera o nos sentábamos a la mesa, siempre encontrábamos comida en abundancia. Y, por supuesto, una cama en la que dormir, que al menos en mi caso era más que confortable.

Algunos de los quehaceres en los que nos empleábamos consistían en pintar tablones de madera (que luego se fijarían sobre la puerta principal de la finca), colocar una parte del cercado metálico o diferentes tareas de mantenimiento del jardín.

Tablones pintados de color blanco (una de las tareas).

Normalmente desayunábamos, almorzábamos y comíamos con nuestros anfitriones, es decir, con los propietarios de la finca. La cena ya era cosa nuestra, la cual preparábamos en la mobile-home. Y, como se puede adivinar, hacer woofing no es simplemente viajar gratis, pues la convivencia y el intercambio cultural es también una de las premisas de esta, poco habitual, forma de viajar. Entre otras cosas, aprendí algunas palabras en alemán y algunas expresiones argentinas que no había escuchado antes. Comí, por primera vez, Kartoffelsalat (ensalada de patata) y trucha ahumada, entre otros extraños platos cuyos ingredientes difícilmente recuerdo. Y di un largo paseo en sidecar, como acompañante: Beniarbeig – Benimeli – Marjal de Pego-Oliva – Dénia. También visité, por libre, lugares como la Vall d’Ebo o la Vall de Laguar.

Sidecar
El sidecar en cuestión.

Pero cuando me viene a la cabeza mi estancia en Beniarbeig, lo que mejor recuerdo son los primeros minutos de la mañana: no se oía más que el piar de los pájaros y algunas ranas croando. La sierra de Segaria, el campo y los primeros rayos de sol coronaban el momento. Merecía la pena madrugar.

Indicadores de PR en el entorno de La Vall de Laguar.

Mi experiencia como woofer (o helpx) fue breve y, honestamente, poco atrevida, pues fueron tan solo tres semanas y en un destino muy cercano. Pero no descarto viajar a otros lugares en un futuro. Si alguien me pregunta le diré que sí, que lo pruebe, pero que investigue sobre a dónde va y que lea opiniones sobre el sitio en el que se va a alojar. Es algo que todos deberían probar, al menos, una vez en la vida.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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