No colecciones montañas: aprende a vivirlas

Con el inicio del nuevo año hay quien elabora una larga lista de sitios y lugares que conocer antes de la próxima Nochevieja. Montañas, espacios naturales o bien lugares más turísticos como grandes ciudades o zonas costeras. Sin embargo, no todos viven al cien por cien esos destinos.
La importancia de vivir y sentir el lugar
Imagina que estás haciendo una ruta de senderismo por algún sitio nuevo, desconocido para ti. Toda tu atención se centra en cada uno de los rincones del paisaje, en cada planta diferente que no has visto en otros lugares, en cada piedra diferente o en cada estrato situado junto a la senda. Escuchas detenidamente el extraño canto de un pájaro que no identificas. Observas tu entorno con atención. O tal vez no. Puede que simplemente camines junto a tus compañeros de ruta, o que incluso mires al suelo la mayor parte del tiempo.
Muchas personas tienen suficiente con eso: subir la montaña, tocar cumbre, hacer una foto para redes sociales y volver. Por supuesto, han estado y han recorrido ese lugar, pero tal vez no lo han vivido de forma plena. Posiblemente la mayor parte de la ruta han hablado de cosas banales del día a día: el trabajo, el tiempo, alimentación, gimnasio, fútbol, etc. Eso está bien. Somos seres sociales. Pero está aún mejor si añadimos otro tema de conversación y le damos mayor protagonismo al lugar en el que estamos.
Existen lugares donde hay instalados paneles informativos, mediante los cuales podemos aprender de forma amena sobre ese sitio en concreto. Pero no en todas partes disponemos de este tipo de información. Antes de salir de ruta a explorar cualquier entorno, no está de más leer algo sobre la zona en casa, más allá del itinerario de la ruta. Mejor aún si, además, podemos llevar con nosotros una guía en papel o, al menos, en el teléfono móvil. De antemano tendremos unas nociones sobre el enclave que visitamos, cuyos datos más interesantes y curiosos podremos transmitir al grupo.
De este modo conoceremos en mayor profundidad el lugar y, en consecuencia, lo disfrutaremos más. Si mostramos interés y admiración por cosas como, por ejemplo, la formación de una escarpada montaña hace millones de años o qué plantas son endémicas de la zona que exploramos, en el futuro recordaremos con mayor facilidad y fascinación ese lugar y su entorno.
Aprende a fundirte con el paisaje
Por supuesto, no todos somos iguales ni interpretamos el paisaje que nos rodea del mismo modo. Hay quien busca adrenalina o simplemente dejar a un lado el estrés de la rutina diaria. Otras personas, además, buscan formar parte del entorno por unas horas, no únicamente como espectadores o visitantes que coleccionan lugares como si fueran cromos, sino como un ser vivo más de este planeta. Con respeto por el lugar y por todo lo que allí habita.
Tal vez nunca te has planteado vivir y sentir la montaña, más allá de visitarla. Esto no va solo de dejar tus preocupaciones a un lado y respirar aire fresco. Tampoco va únicamente de compartir un buen rato con tu pareja, familia o amigos. Estamos hablando, además, de descubrir y admirar el sitio que pisas. De despertar tu interés por el paisaje que te rodea y sorprenderte con datos que posiblemente nunca habrías adivinado.
Quien visita el pico del Teide sin saber que está dentro de la enorme caldera de otro volcán mucho más antiguo —Las Cañadas—, no ha vivido el Teide. Ha estado allí, vale, pero no sabe realmente dónde ha estado. Se habrá hecho algunas fotos, las habrá compartido en sus perfiles de redes sociales y habrá ido a por el siguiente sitio instagrameable de su lista. Por poner otro ejemplo, mucha gente visita el desierto de Gorafe, en el Geoparque de Granada, pero solo unos pocos se interesan por conocer su origen, el cual se remonta a un lago endorreico que finalmente se vació, originando característicos barrancos y cárcavas que aún hoy siguen su proceso erosivo.
Un paisaje no se vive ni se interpreta plenamente si no conocemos nada sobre ese sitio. Ambos ejemplos comentados anteriormente —Teide y Gorafe— no son más que un secarral con encanto para quien no ha leído nada sobre esos enclaves. El objetivo es conocer y recordar algo más que simplemente una imagen o una postal. Si conocemos la historia del lugar o, al menos, los datos más relevantes y sorprendentes, seremos capaces de recordar desde otra perspectiva nuestro paso por ese territorio.
Comparte y contagia la pasión por el entorno
A veces caminamos con un objetivo concreto: llegar a una cumbre, al nacimiento de un río, a una cueva. No es raro que muchos grupos avancen rápido y sin pausa. De este modo nos perdemos la mitad de la ruta. Quien organiza la ruta debería intentar marcar el paso sin imponer y, por supuesto, adaptando el ritmo a las personas más rezagadas. Debemos hacer pausas breves en sitios que lo merezcan.
Como ya sabrás, las emociones se contagian. No es necesario decir de forma histriónica lo que sentimos a cada paso con cada nuevo paisaje. Basta con mantener una actitud positiva y expresar nuestra curiosidad y admiración por cosas —en apariencia— tan sencillas como la belleza del entorno que nos rodea. Incluso ante pequeñas adversidades, como la aparición de la lluvia o haber perdido la senda, resulta más productivo mantener la calma que lamentarnos o autoinculparnos.
Da igual dónde estés: una modesta sierra, una exigente montaña pirenaica o un imponente volcán. Lo importante es experimentar ese momento en plenitud. Afrontar los posibles contratiempos de forma serena. Conocer el entorno, admirarlo y transmitir lo aprendido. Haz fotos, por supuesto, pero no olvides grabar esos sitios —paisaje e historia— también en tu memoria.
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Enlaces de interés:
Gorafe: el desierto policromático heredero de un lago extinto.
Ruta por los Roques de García (Tenerife).


