La Vila Chocolatera: más de 200 años de tradición

Villajoyosa es ampliamente conocida por sus casas de diferentes colores, así como por su histórica industria chocolatera.

Tal como hizo el vilero Francisco Lloret en su libro La Vila de ayer, algo similar llevó a cabo Luisa Vinaches, en su libro titulado La Vila Chocolatera,publicado en 1994. Vinaches nació en Villajoyosa en el año 1936, en el seno de una familia de larga tradición chocolatera y, más tarde, se casó con Juan Tonda, quien descendía igualmente de chocolateros. La Vila Chocolatera refleja la historia de una industria con más de 200 años de tradición en Villajoyosa —o La Vila—, así como diferentes anécdotas y memorias que Vinaches comparte y deja para el recuerdo, cuyo valioso conjunto de información constituye uno de los libros más interesantes referentes al patrimonio histórico industrial de Villajoyosa.

Para hablar del chocolate —de sus orígenes en Europa— debemos remontarnos unos cinco siglos atrás en el tiempo, cuando el conquistador español Hernán Cortés entró a la capital del imperio mexica, Tenochtitlán, en el año 1519, siendo recibido por el emperador azteca Moctezuma II como una verdadera deidad. Como obsequio de bienvenida, el gobernante azteca ofreció a Cortés —quien más tarde le arrebataría sus tierras— la mejor de sus bebidas en un vaso de oro: el xocolatl, el cual consistía en una mezcla de cacao y diferentes especias. Casi una década más tarde, en 1528, el conquistador español regresó a Europa trayendo consigo, entre otras cosas, la preciada semilla del cacao.

Hernán Corté y Moctezuma II
Encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma II (Kurz & Allison, 1892).

La industria artesana del chocolate se comenzó a gestar en Europa y, en las primeras décadas del siglo XIX, aterrizó finalmente en Villajoyosa de la mano de un foráneo quien, según cuenta Vinaches, se estableció en La Vila —junto con algunos otros— huyendo de las guerras napoleónicas —quién sabe si Napoleón determinó, inconscientemente, el futuro industrial chocolatero del municipio—. Algunas familias vileras comenzaron a elaborar chocolate como actividad complementaria a la agricultura y, más tarde, se consolidaron las primeras factorías —veintinueve en el año 1937—, algunas de cuyas marcas eran La Perfección, El Alicantino, San Blas o Valor. El cacao siempre se importó de América, África y Asia, ya que el clima europeo no es adecuado para su cultivo.

Chocolates El Alicantino
Publicidad de Chocolates El Alicantino.

La elaboración primigenia consistía en mezclar, a partes iguales, cacao y azúcar, previo tueste y molienda del fruto exótico. Posteriormente se comenzaron a añadir otros ingredientes como manteca, canela, vainilla y frutos secos, como cacahuete y almendra. En ocasiones también se utilizaba harina para abaratar el coste de producto final. Y, aunque en las primeras décadas de comercialización se consumía, sobre todo, derretido y rebajado con agua —a la taza—, actualmente parece estar más extendido el consumo del chocolate en seco, es decir, directamente de la tableta.

Algunas de las compañías chocolateras más conocidas en la actualidad son Valor y Clavileño, ambas de La Vila. La primera, Valor, surgió como tal a finales del siglo XIX, de la mano de Valeriano López Lloret «el abuelo Valor», y actualmente gestiona el Museo Valenciano del Chocolate. La segunda, Clavileño, surgió en la década de 1960, aunque ya existía anteriormente con otros nombres, cuyo mercado se extendía, en sus primeros años, por tierras manchegas: en Campo de Criptana crearon una segunda marca, denominada Cristo de Villajos.

Chocolates Marcos Tonda
Envoltorio de tableta marca BUANA, de un fabricante hijo de Marcos Tonda.

Entre las memorias que comparte Vinaches destacan algunas que se remontan a la Guerra Civil Española, cuando el sótano de su casa —que se utilizaba como sala para secar el chocolate— sirvió de refugio ante el amenazante sonido de los aviones volando frente a la costa. También rememora el tiempo en que su padre cortejaba a su madre, intercambiándose correspondencia entre Villajoyosa y la posada del pueblo en que en esa temporada estuviera alojado el hombre, en su viaje con carro por las provincias del interior, donde más de una vez a algunos vileros les sorprendió una fuerte nevada.

Para nada sería descabellado pensar que todo empezó, indirectamente, con Napoleón, ya que diferentes hechos conducen, con frecuencia e involuntariamente, a otros hechos aparentemente no relacionados. Una entre otras tantas conjeturas. Y, aún hoy, Villajoyosa sigue siendo La Vila Chocolatera. La ciudad del chocolate.


Estos y otros datos interesantes se recogen en el libro Paseos con historia por la costa de Alicante, ya disponible en librerías.

Paseos con historia por la costa de Alicante

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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