Cuando la sierra de Crevillent estaba «tota verda»

El ilicitano Juan Galiano Sánchez (Elche, 1920) relata, en su libro titulado Desde la Balona (2007), algunas de sus más interesantes vivencias, desde la época de la Segunda República hasta los albores del siglo XXI. Encaramado a una metafórica balona —zona más ancha del tronco de la palmera, que queda justo por debajo de las palmas— otea diferentes episodios de su pasado, como la infancia vivida junto a su abuelo Tonico Brosses, quien le contaba que cuando él era niño —hacia la segunda mitad del siglo XIX— la sierra de Crevillent estaba «tota verda» (toda verde).

Su ameno libro dedica las primeras páginas a sus abuelos: el ya citado Tonico Brosses (Antonio Sánchez Pascual) y Teresa Peral Román. Del primero indica, entre otras cosas, la labor trashumante a la cual se dedicaba, junto a su padre y hermanos, viajando a Andalucía —donde intercambiaban mercancías— con caravanas de carros fuertemente armadas para hacer frente al bandolerismo. Con la llegada del ferrocarril a Elche, los largos viajes con carro para comerciar dejaron de ser rentables y, en consecuencia, Tonico Brosses se dedicó a la agricultura. Asimismo cuenta, de su abuela Teresa, que aunque esta no contaba con formación académica, conocía todos los secretos del campo y de las plantas medicinales. La mujer alentaba a su nieto a usar la maña cuando la fuerza era inútil: «Busca a manya», le decía.

Estación del Ferrocarril (Elche)
Estación del ferrocarril. Década de 1920. (elche.me / J.A. Carrasco Pacheco).

Galiano también recuerda al profesor don Joaquín Aparicio, natural de Cantabria y quien insistía en el correcto uso de las letras ce y zeta, ya que la gran mayoría de niños ilicitanos, al hablar en castellano, seseaba. No pudo asistir a sus clases más que unos pocos meses, ya que era el mayor de cuatro hermanos y se hacía necesario traer sustento a casa. Encontró su primer hueco en el mundo laboral en la antigua tienda de tejidos Hijos de Jaime Brotons.

Rememora, igualmente, las agradables y distendidas tertulias en la calle durante las noches de verano. El Tio Pere —maestro hilador— acostumbraba a llevar la voz cantante y, sin miedos, defendía abiertamente su ideología republicana, aunque auguraba la derrota. Esto ocasionó un conflicto con un inmigrante andaluz llamado César, quien supuestamente simpatizaba con grupos de izquierdas para, terminada la Guerra Civil, declararse firmemente a favor de los vencedores. El hecho es que el segundo —aún «rojo» y, según Galiano, sintiéndose marginado por no entender el valenciano— denunció al primero, por agitador, y este fue detenido al día siguiente. Tres meses después fue liberado, aunque las graves secuelas físicas y psicológicas acabaron con su vida en poco tiempo.

Hiladores
Hiladores en el Camp d’Elx (elche.me / fecha y autor desconocidos).

Pero el final de la Guerra Civil le aconteció durante un viaje en tren a tierras de Valencia, junto a su madre y otras mujeres, quienes intercambiarían alpargatas de esparto por arroz. No tuvieron éxito en Benifaió, por lo que tuvieron que caminar doce kilómetros hasta la localidad vecina de Albalat de la Ribera, donde agotaron sus existencias y cargaron sus petates con kilos y kilos de arroz. El regreso a tierras ilicitanas fue una verdadera odisea, pues pasaron varias noches junto a la estación de Xàtiva, por la cual pasaban los trenes totalmente atestados de gente, incluso sobre el techo. Los huertos de naranjos circundantes fueron el único sustento durante los días que allí permanecieron, junto a miles de refugiados que huían de la represión del bando nacional.

Pero estas son solo algunas de las vivencias que Galiano narra en Desde la Balona, cuya lectura resulta tan agradable como fascinante.

Desde la Balona
Desde la Balona, de Juan Galiano Sánchez (Institut Municipal de Cultura d’Elx, 2007).

Y, como ya he comentado en algún que otro artículo, los mejores transmisores de nuestro pasado somos nosotros mismos, nuestras vivencias y dejar constancia escrita de estas. Seguro que hay más que interesantes memorias que, por cualquier motivo, no han visto la luz y siguen olvidadas en algún cajón familiar —posiblemente, uno que muy pocas veces se abre—, lo cual resulta, en cierto modo, frustrante para quienes disfrutamos viajando al pasado a través de relatos reales que, en muchos casos, ayudan a comprender la evolución histórica más reciente. Tenemos los recursos para conservar nuestras memorias. Hagamos que no se pierdan.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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