Rescates en montaña: cuando el ocio se convierte en agonía

En los últimos años se han multiplicado los rescates en las montañas de la Península, debido al incremento de excursionistas y, sobre todo, a la escasa preparación y planificación.

Salir a hacer senderismo al monte debe ir asociado, siempre, al disfrute. Ignorar aquellos factores que, de algún modo, podemos controlar o prever —es decir, los de sentido común— puede derivar en una jornada de verdadera agonía y desesperanza. Si bien es cierto que también estamos expuestos a accidentes que escapan a nuestro control, como caídas de piedras, mareos o ictus, entre otros, existen numerosas situaciones de riesgo que podemos y debemos evitar. El monte, la montaña, las sierras, es decir, la naturaleza, no es algo que debamos tomar a la ligera. Aspectos como la preparación física, el sentido de la orientación, la sed de conocimiento —que nos hará informarnos, previamente, sobre el lugar que vamos a visitar— y, de nuevo y sobre todo, el sentido común, son esenciales para evitar, en la medida de lo posible, que un buen día de senderismo en la montaña se convierta en un muy mal día.

 

Rescates por desorientación

Perderse en la montaña es muy fácil. Sobre todo si no se presta atención al entorno y, por lo tanto, no grabamos en nuestra mente aquellos hitos paisajísticos que nos permitirán situarnos en el mapa —sí, el mapa es esencial si no conocemos la zona— y orientarnos. En la sierra no sirve aquello de «será por aquí». Ante tal duda, lo mejor es retroceder hasta la última marca de la ruta y, desde esta, localizar la siguiente. En el peor de los casos nos tocará retroceder por el mismo camino, hasta el punto de partida. Y ese parece mejor plan que ser el protagonista de un rescate en plena madrugada o, quién sabe, tal vez al día siguiente o posteriores. Además, la nieve puede borrar sendas y enterrar marcas. Una fuerte nevada o la niebla espesa dificultan notablemente la orientación, por lo que es imprescindible consultar la previsión del tiempo con antelación.

Rescates por valentía

No es más hombre, ni más mujer, quien más lejos o más alto llega. Si no se puede, no se puede. Es totalmente inútil correr riesgos innecesarios, como hacer tramos de vías ferratas —por cortas que sean— sin el equipo adecuado, utilizar vertiginosas sendas de cabras fuera de ruta para llegar antes a la cumbre, o hacer vivac en una zona desconocida y/o sin haber consultado la previsión meteorológica.

Rescates por imprudencia

Un terreno pedregoso e irregular requiere unas buenas botas de montaña, que evitarán torceduras de tobillo. Otra razón por la que, antes de hacer cualquier ruta, conviene informarse sobre esta. Asimismo, en días de lluvia, y posteriores, no conviene adentrarse en ramblas, ríos o barrancos, pues una avenida de agua puede ser tan repentina como destructiva. La lluvia continuada también puede desestabilizar según qué terrenos, por lo que se pueden producir desprendimientos, a nuestro paso, de la propia senda y sobre esta.

Rescates por falta de previsión

Se debe tener claro el tiempo estimado para completar la ruta, ya que durante la noche resulta más difícil orientarnos en un entorno desconocido. En este sentido, lo más aconsejable es comenzar temprano y terminar con tiempo, es decir, con horas de luz solar de sobra. La falta de agua y comida puede producir mareos o hipoglucemias. De hecho, se debe beber regularmente y antes de tener sed (la botella de agua debería estar a mano, y no dentro de la mochila). Los frutos secos (como pistachos o nueces) y deshidratados (como pasas u orejones) son un buen tentempié que se puede consumir durante la ruta.

 

Aun teniendo en cuenta todo lo expuesto, los accidentes en montaña pueden ocurrir, como en cualquier otro ámbito de la vida. Es por ello que, sobre todo en rutas en solitario, se deben extremar las precauciones. En tal caso, se debe informar a algún familiar, o amigo cercano, de la ruta senderista que se va a hacer y de la hora prevista de llegada a casa. Asimismo, se aconseja vestir prendas de colores vivos o reflectantes, para facilitar la posible búsqueda de la persona accidentada. Una linterna con opción de luz intermitente también puede ser de gran ayuda. Existen varias aplicaciones para smartphone (al monte debe ir siempre con la carga completa y, además, podemos llevar una batería externa) que nos permiten compartir nuestra posición con quien deseemos, así como con el 112, en caso de emergencia. Y, por último, en caso de rescate tal vez nos toque abonar el coste de este, si no estamos federados o si no contamos con un seguro deportivo que cubra las actividades en la naturaleza.

Planificar es la clave.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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