Un avión de la II Guerra Mundial en Altea y otras anécdotas

Alteanías constituye un ameno e interesante compendio de la memoria histórica y colectiva de Altea.

Luis Fuster y Pedro-Juan Orozco publicaron en 2012 el libro Alteanías. Sus curiosas páginas dan a conocer temas relacionados con la escena urbana, la agricultura, la pesca, los oficios o las costumbres, entre otros. Sin embargo, uno de los capítulos más interesantes de Alteanías es el dedicado a las anécdotas. Se exponen a continuación las más destacables.

Un avíon de la II Guerra Mundial

Tal vez, la que más impactante es la ocurrida en la década de 1940 cuando, durante la II Guerra Mundial, un avión alemán tuvo que hacer un aterrizaje de emergencia en la pedregosa desembocadura del río Algar. Una pena que, sobre esto, el libro tan solo muestre una fotografía y el subtítulo correspondiente, sin más información sobre, por ejemplo, cual fue la reacción de los alteanos ante el suceso o cómo retomó este avión el vuelo —si es que lo hizo—.

El Charco y la playa regenerada

Otro hecho destacable está directamente relacionado con algo que se está llevando a cabo ahora (2016) mismo en Altea, al sur de la desembocadura del río Algar. Resulta que la playa que se está creando —o, más bien, regenerando— ya existía hace setenta años, aunque fue desapareciendo tras una consecución de temporales ocurridos entre los años 1940 y 1970 que, finalmente, provocaron que el embate de las olas del mar Mediterráneo llegasen a descargar su fuerza contra las casas de la calle Conde de Altea, derribando algunas paredes e, incluso, atravesando las casas parar esparcir numerosas piedras y algas sobre la carretera N-332.

Posteriormente se creó un dique de contención y se proyectó la regeneración de la playa, aunque no se terminó de llevar a cabo y se creó el recientemente desaparecido Charco, cuyas aguas estancadas han provocado el continuo malestar de los alteanos. Asimismo y, en referencia a los temporales, cuando estos expulsaban grandes cantidades de algas a la costa, estas eran recogidas y utilizadas como cama para los establos y, posteriormente, como abono para los cultivos.

Playa Altea
Regeneración de la playa de Altea (mayo de 2016).

La Calesa del Tío Chinelo

Quien conoce Altea conoce l’Olla, lugar famoso por su playa, el islote homónimo y el gran castillo de fuegos artificiales que todos los años tiene lugar en el mes de agosto. Pues bien, desde esta partida (o pedanía) salía el tío Chinelo, a diario, con su calesa (carruaje con asientos y capota) hacia la plaza del Convento, en Altea y, desde esta, regresaba a l’Olla. Quien desease utilizar el transporte tan solo debía abonar un quinzet (una moneda de 25 céntimos). Según se cuenta, el caballo conocía tan bien el trayecto que apenas necesitaba órdenes.

También resulta curioso que el citado islote —la Illeta— fuese puesto a subasta, por el Ministerio de Hacienda, en el año 1969 por algo más de medio millón de las antiguas pesetas. Por lo visto, tanto el gobierno local como el provincial se movilizaron y consiguieron que tal acción no se llevase a cabo.

Illeta de l'Olla
La Illeta de l’Olla.

Los alteanos de Argentina

La Guerra Civil Española y las posteriores adversidades, como consecuencia de esta, provocaron que multitud de personas emigrasen a tierras extranjeras. Muchos alteanos lo hicieron a lugares como Orán (por entonces bajo control francés) y, sobre todo, a la lejana Argentina, donde se creó una significativa colonia en la localidad conocida como Coronel Dorrego. Es por ello que, en la actualidad, no es para nada extraño que las viejas familias alteanas tengan parientes en el país sudamericano, fruto de aquel exilio.

Los fantasmas de Altea

Por último, comentar brevemente aquello que el tío Aixandre (Alejandro Junquera) contaba a su hijo Julio. El hecho se remonta a los años de infancia del primero, cuando de noche y por el casco antiguo —popular y antiguamente llamado dins d’Altea (dentro de Altea)— deambulaba un fantasma ataviado con la típica sábana blanca. Intrigado, se escondió Aixandre una noche y observó cómo, al presunto fantasma, le abrían las puertas de una casa cuyo cabeza de familia, marinero, se encontraba embarcado.

Cada cual que saque sus conclusiones. Y esto no solo ocurría en Altea, pues era algo bastante extendido, antaño, que se utilizaba también para ahuyentar a transeúntes —potenciales testigos— de zonas en las que se iban a hacer gestiones de contrabando.

Alteanías
Portada del libro Alteanías (2012).

Hoy, la mágica villa de Altea es conocida, sobre todo, por ser un importante refugio de artistas, pues, sin ir más lejos, aquí se encuentra la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Miguel Hernández (UMH). Pero Altea también es una calesa circulando entre esta y l’Olla, un avión militar aterrizando en el río Algar o un fantasma haciendo de las suyas en el Portal Nou. Altea es Alteanías. Si tenéis ocasión, echadle un vistazo.

Estos y otros datos interesantes se recogen en el libro Paseos con historia por la costa de Alicante, disponible online y en librerías.

Paseos con historia por la costa de Alicante

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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