Cueva de las Calaveras (Benidoleig): de explosivos bélicos y dientes de rinoceronte

Los restos más antiguos hallados en la Cueva de las Calaveras de Benidoleig se remontan al Paleolítico, y debe su nombre a 12 cráneos encontrados en 1768.
La Cueva de las Calaveras es también conocida como Cova de les Calaveres o Cova de Benidoleig. Consiste en una gruta totalmente adaptada a las visitas turísticas y se encuentra en plena comarca de la Marina Alta (Alicante), a muy poca distancia de Dénia.
Situada al este del pequeño pueblo de Benidoleig, junto a la carretera, cuenta con una gran boca de entrada y, ya en su interior, caminamos por un zigzagueante pasillo con galerías horadadas de hasta 20 metros de altura, entre curiosas estalactitas, estalagmitas, algunos fósiles y un abundante osario.
Al final del itinerario encontramos unas rejas que nos impiden continuar. En ese punto, según la época del año y las lluvias caídas, podemos ver una diminuta poza, o lago interior, llamado Toll Blau (charco azul), cuya agua se aprovecha actualmente para el consumo humano en Benidoleig.

Desde el Toll Blau los espeleobuceadores han recorrido en torno a unos 200 metros de túnel artificial y más de 300 metros de galerías naturales, en ambos casos inundados, tal como contaban en el blog de Al filo de lo imposible en el año 2010.
En el interior de la cueva podemos ver algunos helechos cerca de las luces artificiales, que han crecido de forma natural, pero que viven gracias a estas lámparas. Se trata de especies muy poco habituales actualmente en la Comunidad Valenciana.
También en la Cueva de las Calaveras existe una pequeña colonia de murciélagos, de tres especies diferentes que, debido al turismo, poco o nada se dejan ver durante el día.
En la entrada de la cueva se exponen varias piezas trabajadas sobre minerales o fósiles, cuya procedencia es totalmente ajena a la cueva, las cuales se encuentran a la venta.

Incluso con carrito de bebé o con silla de ruedas podemos recorrer los cerca de 240 metros abiertos al público de la Cueva de las Calaveras, ya que todo el itinerario es llano, sin desniveles y pavimentado o con plataforma de madera.
Así mismo, es necesario comprar una entrada para acceder a la Cueva de las Calaveras, aunque la visita se realiza de forma libre, sin una persona que nos guíe. Durante el recorrido podemos consultar diferentes paneles informativos, referentes a cada rincón de la gruta.
Cueva de las Calaveras: huesos, explosivos y turistas
El origen geológico de esta fascinante cueva se remonta al Cretácico inferior, es decir, hace unos 135 millones de años. Desde entonces, la erosión del agua y el paso del tiempo han configurado su sorprendente morfología actual.
Según los restos hallados, la Cueva de las Calaveras ya debió estar ocupada por el ser humano hace unos 130000 años, hacia el Paleolítico. A esta época se remonta el destacable osario cercano a la entrada de la cueva donde, entre otras cosas, se encontraron huesos de diferentes animales, entre los que destaca un diente de rinoceronte.

Durante el Neolítico, la Cueva de las Calaveras se utilizó para hacer algunos enterramientos humanos. Posteriormente, en época íbero-romana la gruta fue utilizada como santuario y en su interior se depositaban diferentes ofrendas.
No fue hasta el año 1768 cuando se produjo el hallazgo que daría nombre a la Cueva de las Calaveras, tras la exploración llevada a cabo por un grupo de vecinos, quienes encontraron diferentes restos de huesos, además de 12 calaveras humanas.
Ya en esa misma época, en el siglo XVIII, se iniciaron los trabajos para canalizar las aguas de la cueva, aunque fue en el año 1908 cuando se realizaron las obras más importantes para esta finalidad.
Durante la Guerra Civil Española, en 1936, la boca de entrada a la Cueva de las Calaveras fue parcialmente tapiada y se utilizó como almacén de explosivos. El pavimento de hormigón que hoy podemos ver en la entrada, pertenece a esta época.

En el año 1956 dos espeleólogos de Alcoy realizaron un nuevo hallazgo, al explorar y cartografiar un estrecho conducto, no abierto al público, conocido como la Galería de los Cráneos (o sala la Ratera), donde encontraron dos calaveras.
La cueva comenzaba a ser visitada puntualmente y, finalmente, fue acondicionada y abierta al público como atractivo turístico en la década de 1960.
Leyenda de la Cueva de las Calaveras
Tras el hallazgo de las 12 calaveras en el siglo XVIII, surgieron diferentes historias y leyendas en torno a este hecho. Una de estas leyendas cuenta cómo un rey musulmán perdió la vida en el interior de la Cueva de las Calaveras, junto a su harén de 150 mujeres.
Era la época en que se había decretado la expulsión de los moriscos de la Península, lo cual ocasionó que el rey moro y su harén se escondieran en la cueva. Sin embargo, finalmente fueron sitiados y perecieron en las entrañas de la gruta, según unos, perdidos; según otros, ahogados en el lago interior.
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