El puente que alentó la expansión de Elche

Cuando el puente de Santa Teresa fue construido, en pleno siglo XVIII, ya existían algunas casas al oeste del Vinalopó.

Una pequeña ermita erigida en honor a San José, al oeste de la rambla del río Vinalopó, fue la construcción que originó en la Marquesa de Elche el deseo de que, en el mismo lugar, se edificase un convento en honor al mismo santo. En abril del año 1561, su deseo comenzó a materializarse y, ya concluido, el Convento de San José figuró como cabeza de provincia hasta el año 1574. En torno al templo religioso se comenzaron a construir diferentes casas, que constituyeron el germen de posterior barrio de Santa Teresa. Hasta la construcción del puente de piedra, los vecinos utilizaban un rudimentario puente de madera para acceder a la villa ilicitana, por la antigua cuesta de Bonús. Por tal motivo, el cabildo de Elche determinó lo siguiente, el 22 enero del año 1673:

Terminada la obra de Santa María, retablo y ornamentos, se construirá un puente en la rambla de la villa para que cómodamente, puedan subir los vecinos e ir al Convento de Religiosos Descalzos de San José, y para mayor utilidad y servicio de los vecinos.

La primera piedra tuvo que esperar hasta el año 1705, y fue colocada por don Joaquín Ponce de León, alcalde del municipio, Marqués de Elche y Duque de Arcos. Pero las obras quedaron paralizadas hasta el año 1715, debido a la Guerra de Sucesión, y no se finalizaron hasta el año 1756, tras algunos contratiempos, tal como indica una inscripción situada bajo la capilla norte del puente:

El día 31 de octubre de 1751, se vio venir por este torrente tan gran avenida de agua, que llegó a pasar por encima del antepecho de este puente, con tanta fuerza que lo rompió por la parte de poniente, llevándose la mitad de él y otros destrozos que hizo, arruinando presas que la cruzan para el riego de esta huerta, 42 casas, 8 almazaras, 1 fábrica de jabón, 5 huertos de palma y diferentes árboles con otros efectos…

Estos destructivos sucesos ocurrieron a escasas jornadas de finalizar la construcción del puente, el cual se había levantado con un solo ojo. No fue hasta cuatro años más tarde (en 1755), cuando finalmente se asignaron fondos y se acordó la reforma y finalización de la obra, esta vez con dos ojos y tajamar, además de las dos capillas acristaladas en las que se colocaron, al sur, la imagen de San Agatángelo y, al norte, la imagen de Nuestra Señora de la Asunción. En años posteriores el puente fue sometido a nuevas reformas, tanto para afianzar su estabilidad estructural como para aumentar la seguridad de los viandantes.

Escasos años tras la construcción del puente fue erigido un cuartel de caballería, en el lugar que actualmente ocupan los denominados Pisos Azules, al norte del paseo de Germanías. El puente de Santa Teresa (popularmente, de la Virgen) contribuyó a la expansión de la ciudad hacia el oeste de la rambla, así como a una mejor comunicación del municipio con otros puntos de la Vega Baja y sur de la Península. Fue el primer puente de obra que cruzó el Vinalopó a su paso por la villa de Elche, aunque no el último.

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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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