El tío Roc y el tesoro del Cabeçó d’Or

Esta mágica sierra de Busot se convirtió en la obsesión del tío Roc, un humilde campesino cuyo objetivo era encontrar el tesoro escondido, siglos atrás, por los moriscos.

La leyenda que se expone a continuación fue recogida por el autor Joaquim González i Caturla en su libro, Rondalles de l’Alacantí. Se ofrece, aquí, una versión resumida, que tiene como escenario una de las sierras más sorprendentes de la provincia de Alicante: el Cabeçó d’Or.

Cuentan los más ancianos que, hace ya algunos años, vivía en la Huerta de Alicante el tío Roc, un campesino de unos cuarenta años a quien la suerte parecía haberle abandonado. Tenía algunas tierras, con almendros y viñedos, pero deseaba tener más, y para ello pidió un préstamo hipotecando la finca que ya tenía. Tuvo tan mala fortuna, que ningún cultivo prosperó aquel año, ni en sus tierras ni en las de sus vecinos, pues en invierno hubo duras heladas, en primavera no hubo lluvias y el verano fue abrasador, acabando con los pocos árboles que habían resistido.

Por desgracia, el tío Roc no pudo saldar su deuda y, llegado el otoño, le fueron embargadas todas sus tierras. Casi con una mano delante y otra detrás, decidió buscar fortuna en Barcelona, para lo cual se embarcó en el puerto de Alicante en un navío mercante. Ya en el mar, rumbo a su destino, pasaba el barco frente a El Campello cuando un marinero comentaba con el tío Roc la belleza de aquella sierra, la del Hombre, ante lo cual el campesino se sorprendió, pues él la conocía como el Cabeçó d’Or. Fue entonces cuando el primero le hizo ver la silueta del hombre acostado, desde altamar, afirmando que también conocía el otro nombre, y que la sierra era así llamada porque los moriscos habían escondido, siglos atrás, un importante tesoro en su interior, en las cuevas del Canelobre. En un primer instante, el tío Roc se mostró incrédulo, pero creyó finalmente al marinero cuando este le contó el relato del moro Alí, quien fue asesinado por los cristianos tras esconder sus más preciadas pertenencias, sin revelar el paradero.

Ya en Barcelona, el campesino alicantino andaba constantemente con aquella historia en la cabeza, dándole vueltas a todas horas, hasta convertirse en su obsesión y, puesto que en la capital catalana tampoco le estaba yendo nada bien, decidió regresar a Alicante. Nada más desembarcar, se dirigió a Busot y compró algunas herramientas, con la única finalidad de encontrar el tesoro de Alí.

Jamás se supo si encontró el tesoro, aunque recuperó todas sus tierras y comenzó a vestir de forma elegante y a codearse con gente pudiente. Para su desgracia, pronto acabaría muriendo a causa de un disparo accidental, mientras cazaba patos con un amigo, pues tal maldición había predicho la hija de Alí, Gesamina, para aquel que robase su tesoro.

 

Imagen principal del artículo: Wikimedia.

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