Guardamar, o cómo hacer frente a seísmos y dunas móviles

El origen de la actual urbe de Guardamar del Segura se remonta a no más de doscientos años, en lo que a configuración urbana se refiere. Existen asentamientos fenicios, ibéricos, romanos e islámicos en diferentes partes del municipio, así como en el cerro sobre el que se erigía el castillo y la antigua ciudadela, ubicación que se abandonó tras ser asolada durante los violentos terremotos de 1829.

Las primeras tres décadas del siglo XIX estuvieron marcadas por una alta sismicidad que afectó, sobre todo, al sureste peninsular y, más concretamente a la, por aquel entonces, Gobernación de Orihuela. Gracias al trabajo de campo que realizó el ingeniero José Agustín de Larramendi, con motivo del terremoto del 21 de marzo de 1829 y posteriores, podemos saber que, anteriormente, hubo seísmos de magnitudes similares en los años 1802, 1823 y 1828, así como centenares de réplicas o movimientos de tierra de menor magnitud que, en conjunto, formarían parte de una serie de seísmos, sobre todo los ocurridos entre septiembre de 1828 y abril de 1829.

Tal fue la actividad sísmica de la zona que, llegado el fatal día del 21 de marzo de 1829, muchas de las casas y demás edificaciones ya se encontraban seriamente dañadas. Diferentes investigadores estiman que la magnitud de este seísmo debió ser de en torno a 6,6 en la escala de Richter. Pero Guardamar del Segura, que hasta entonces se erigía en la ciudadela amurallada situada al norte del castillo (adosada a este) y, frente a esta (a extramuros), en lo alto del cerro, resistió aquel día para, dos días más tarde, el 23 de marzo, ser finalmente asolada por otro seísmo que afectaría, principalmente, a esta población y a San Fulgencio.

Larramendi indicaba en su escrito que en Guardamar habían fallecido ocho vecinos a causa de los terremotos, de un total de 389, casi todos de Almoradí, lugar en el que los altos edificios colapsaron sus estrechas calles, aplastando a quienes en estas se encontraban.

El mismo ingeniero fue quien se encargó de redactar los proyectos de reurbanización de los pueblos que habían quedado asolados —entre ellos, Guardamar— y, así, determinó que la nueva urbe se debía erigir entre el cerro del castillo y la costa. La nueva planta se caracterizaba, sobre todo, por contar con calles más anchas y casas de una sola altura, en las que se debían realizar diferentes mejoras —respecto a las anteriores— para evitar que los tejados cayeran con facilidad. De este modo Larramendi fijaba una serie de normas que determinarían la imagen de Guardamar —y de otros pueblos—, con el fin de minimizar los daños en caso de que ocurriesen, de nuevo, tan graves seísmos. Tal vez no se han tenido en cuenta sus normas.

Ya en su nueva ubicación, Guardamar fue, de nuevo, amenazada por la propia naturaleza aunque, en este caso, se podía actuar con antelación para evitar males mayores. Fue, a finales del siglo XIX, cuando el incesante avance de las dunas comenzó a sepultar diferentes campos de cultivo, así como algunas casas del municipio. En esta ocasión, el ingeniero forestal Francisco Mira se hizo cargo del asunto y, así, determinó plantar miles de pinos, palmeras, eucaliptos y numerosas plantas sobre las propias dunas. Los trabajos se llevaron a cabo durante los primeros años del siglo XX y, finalmente, las raíces de los diferentes árboles y plantas consiguieron frenar el avance de las dunas.

Guardamar fue reconstruida una vez y, salvada de ser sepultada, otra. Una noticia, aparecida hace unos días en prensa, informaba de un estudio sobre la vulnerabilidad sísmica en la zona, calificando a Torrevieja como la población con más riesgo, en la cual, en torno a un 30% de sus edificios resultarían dañados ante un temblor de intensidad VII o mayor. Junto con Torrevieja, Crevillente, Elche y Orihuela son los peor parados en el estudio.

¿Estamos concienciados frente al peligro sísmico? ¿Crees que los constructores deberían aplicar más o mejores técnicas constructivas antisísmicas? Los expertos estiman que el periodo de retorno sísmico es de 500 años, pero ¿Y si ocurriese mañana? Puedes dejar tus comentarios más abajo.

Imagen de encabezado: Ruinas del castillo de Guardamar y, al pie, el ingeniero forestal Ricardo Codorniu. Fotografía tomada por Francisco Mira (1902).


Estos y otros datos interesantes se recogen en el libro Paseos con historia por la costa de Alicante, ya disponible en librerías.

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Adán Agulló

Apasionado de la naturaleza y el patrimonio cultural. Técnico Superior en Sistemas de Telecomunicaciones e Informáticos. Autor de libros de viaje y senderismo; el último: «Paseos con historia por la costa de Alicante».

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