Guardamar, o cómo hacer frente a seísmos y dunas móviles

Guardamar del Segura cambió su ubicación original tras sufrir los efectos de un fuerte terremoto en 1829.

Actualizado el 21 de marzo de 2020.

Las primeras tres décadas del siglo XIX estuvieron marcadas por una alta sismicidad que afectó, sobre todo, al sureste peninsular y, sobre todo, a la Gobernación de Orihuela. Gracias al trabajo de campo que realizó el ingeniero José Agustín de Larramendi, con motivo del Terremoto de Torrevieja, ocurrido el 21 de marzo de 1829, y otros seísmos posteriores, podemos saber que, anteriormente, hubo seísmos de magnitudes similares en los años 1802, 1823 y 1828. Además, hubo centenares de réplicas o movimientos de tierra de menor magnitud que, en conjunto, formarían parte de una serie de seísmos, destacando los ocurridos entre septiembre de 1828 y abril de 1829.

Guardamar resistió el 21 de marzo

Tal fue la actividad sísmica de la zona que, llegado el fatal día del 21 de marzo de 1829, muchas de las casas y demás edificaciones ya se encontraban seriamente dañadas. Diferentes investigadores estiman que la magnitud de este seísmo debió ser de unos 6,6 en la escala de Richter. Pero Guardamar, que hasta entonces se erigía en la ciudadela amurallada situada al norte del castillo (adosada a este) y, frente a esta (extramuros), en lo alto del cerro, resistió aquel día. Desafortunadamente, dos días más tarde, el 23 de marzo, fue finalmente asolada por otro seísmo que afectaría, principalmente, a esta población y a San Fulgencio.

Almoradí se llevó la peor parte

Larramendi indicaba en su escrito que en Guardamar habían fallecido ocho vecinos a causa de los terremotos, de un total de 389. Almoradí fue la población que sufrió más bajas, lugar donde los altos edificios colapsaron sus estrechas calles, aplastando a quienes allí se encontraban. El mismo ingeniero fue quien se encargó de redactar los proyectos de reurbanización de los pueblos que habían quedado asolados y, así, determinó que el nuevo núcleo de Guardamar se debía erigir entre el cerro del castillo y la costa. La nueva planta se caracterizaba, sobre todo, por contar con calles más anchas y casas de una sola altura, en las que se debían realizar diferentes mejoras, respecto a las anteriores, para evitar que los tejados cayeran con facilidad. De este modo, Larramendi fijaba una serie de normas que determinarían la imagen de Guardamar, y de otros pueblos, con el fin de minimizar los daños en caso de nuevos terremotos.

La amenaza de las dunas

Ya en su nueva ubicación Guardamar fue, de nuevo, amenazada por la propia naturaleza, aunque en este caso se pudo actuar con antelación para evitar males mayores. Fue a finales del siglo XIX, cuando el incesante avance de las dunas comenzó a sepultar diferentes campos de cultivo, así como algunas casas del municipio. En esta ocasión, el ingeniero forestal aspense Francisco Mira y Botella se hizo cargo del asunto y, en este sentido, determinó plantar miles de pinos, palmeras, eucaliptos y numerosas plantas sobre las propias dunas. Los trabajos se llevaron a cabo durante los primeros años del siglo XX y, finalmente, las raíces de los diferentes árboles y plantas consiguieron frenar el avance de las dunas.

¿Qué pasaría hoy?

Guardamar fue reconstruida una vez y salvada de ser sepultada. Una noticia, aparecida en prensa en 2016, informaba acerca de un estudio sobre la vulnerabilidad sísmica en la zona, calificando a Torrevieja como la población con más riesgo, en la cual, en torno a un 30% de sus edificios resultarían dañados ante un temblor de intensidad VII o mayor. Además, Crevillente, Elche y Orihuela sufrirían similares desperfectos, según el citado estudio. Los expertos estiman que el periodo de retorno sísmico es de 500 años, aunque podría ocurrir en cualquier momento.

Imagen de encabezado: Ruinas del castillo de Guardamar y, al pie, el ingeniero forestal Ricardo Codorniu. Fotografía tomada por Francisco Mira (1902).


Estos y otros datos interesantes se recogen en el libro Paseos con historia por la costa de Alicante, disponible online y en librerías.
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Adán Agulló

Apasionado de la montaña, el senderismo y el patrimonio cultural. Autor de los libros Sendas y Leyendas de Alicante, Rutas con historia por el entorno de Elche y Paseos con historia por la costa de Alicante.

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